Rosario
07.07.13
Rosario, un recorrido cultural con vista al río
Museos, salas de arte, galerías y propuestas para chicos sugieren una atractiva ruta para descubrir esta ciudad.
Rosario, un recorrido cultural con vista al río

Bella, amable, participativa, abierta y creativa. Así es Rosario, en el sur de la provincia de Santa Fe, de cara a la margen derecha del río Paraná. No es su mentada cercanía con Buenos Aires lo que la hace tan atractiva sino sus bellezas naturales y el amplio abanico de propuestas culturales. Un fin de semana cualquiera permite al viajero armarse un completo itinerario o varios, ya que hay opciones para todos los gustos y bolsillos.

En este caso, el recorrido comienza un viernes por la noche en la Plataforma Lavardén, complejo público cultural en la esquina de Sarmiento y Mendoza. El edificio de 1925 tiene seis pisos. Perteneció a la Federación Agraria y en 2008 comenzó a ser restaurado por el Ministerio de Innovación y Cultura de Santa Fe. Hoy funciona como un conjunto de espacios vinculados que se pueden visitar.

En la planta baja, el Salón de las Miradas es escenario de muestras, presentaciones y ferias. En el primer piso, la Galería de los Roperos es, quizás, el lugar más llamativo. No hay puertas tradicionales sino frentes de roperos antiguos: el visitante tiene que atravesarlos para llegar, como Alicia, a un país de maravillas. Viajamos así, por ejemplo, hasta una plaza con calesita, un típico club de barrio con cancha de bochas, una atiborrada biblioteca o el camarín de algún artista. Plataforma Lavardén no es un museo sino un espacio que la gente se apropia. Si tienen ganas de juntarse con amigos a tomar mate, los rosarinos suelen citarse en alguno de sus espacios. Y los turistas son invitados a hacer lo mismo. El final del recorrido es en la terraza de la cúpula del sexto piso, una joya arquitectónica donde se presentan proyecciones cinematográficas. También aquí funciona un bar al aire libre durante las noches de verano.

La mañana del sábado propone una visita al teatro lírico El Círculo, inaugurado en 1904. A punto de ser demolido en la década del 40, fue restaurado y en 2004 se transformó en sede del III Congreso Internacional de la Lengua Española, aquel en el que Roberto Fontanarrosa pronunció su brillante “Defensa de las malas palabras”. La visita está guiada por Gladys, que lleva por todos los recovecos del teatro y regala cada dato con infinita pasión, porque siente el lugar como su propia casa. Mientras muestra la sala en forma de herradura con sus butacas italianas, escaleras de mármol de Carrara y telón de boca en el escenario pintado por Giuseppe Carmignani (réplica del que existe en el Teatro Regio de Parma, Italia), Gladys comenta que aquí se presentó el tenor Enrico Caruso en 1915 y envió una nota al dueño del teatro, Emilio Schiffner, en la que destacaba la acústica de la sala y la comparaba con la del célebre teatro Metropolitan de Nueva York.

En el foyer se puede admirar un piano Steinway firmado por decenas de concertistas que ofrecieron conciertos aquí y hasta es posible espiar a los estudiantes de la academia de ballet clásico ruso. Por el pasillo pasan las alumnas de comedia musical –ninguna tiene más de 8 años– y uno se siente en un “teatro vivo”, transportado a la época de oro –entre 1910 y 1930–, cuando las compañías líricas europeas llegaban en barco a Rosario y se presentaban en El Círculo incluso antes que en Buenos Aires y Nueva York.

Mundo de inventos

El itinerario de la tarde recala en La Isla de los Inventos, muy cerca del río. Forma parte del Tríptico de la Infancia, un circuito que incluye La Granja de la Infancia y El Jardín de los Niños. Pero aunque uno crea, a priori, que se trata de una propuesta para chicos, recomendamos fervientemente ir a La Isla de los Inventos y animarse a explorar. El espacio está montado en los andenes de la antigua estación de tren Rosario Central y rinde homenaje al trabajo en equipo. Allí hay una fábrica de papel, una fábrica textil, la carpintería, el taller de cerámica y la fábrica de animación, entre otras salas. En la fábrica de madera, padres y chicos diseñan, cortan, lijan y pintan objetos; en la fábrica textil se cose, se borda, se estampa; en la herrería se eligen piezas, aparece una idea y se suelda cada parte para ver qué se obtiene. La Isla de los Inventos está repleta de rincones mágicos, que invitan a atreverse a disfrutarlos.

Rosario tiene siete centros culturales y once museos, como el Museo Municipal de Bellas Artes Juan Castagnino y el Museo de Arte Contemporáneo (MACRO), que en realidad conforman un mismo museo con dos sedes, una en cada punta del Boulevard Oroño. Reúnen más de 4 mil obras, una de las colecciones más completas del país. Las páginas de Internet de cada sede anuncian la programación de los próximos meses, que incluye muestras, charlas y conciertos.

El Centro Cultural del Parque España ofrece un teatro, una sala de conferencias, tres galerías para exposiciones y una videoteca.

Una de las ofertas culturales al aire libre es Romántica del Boulevard, una reconstrucción histórico-fotográfica de las casonas y palacetes construidos a principios del siglo XX y más tarde demolidos o modificados a lo largo del Boulevard Oroño. El paseo fue ideado por el artista plástico Dante Taparelli –director de Diseño e Imagen Urbana de la ciudad–, y lo pensó como una manera de poner en valor la memoria del espacio urbano y el patrimonio histórico. A través de las fotos, los visitantes y los vecinos realizan un imaginario viaje en el tiempo.

Taparelli también gestó Arte a la Vista, que transformó Rosario en una suerte de museo al aire libre. Basta con caminar por la ciudad y alzar un poco la mirada: las medianeras de varios edificios son el soporte de cuadros de consagrados artistas rosarinos (como Berni, Schiavoni, Vanzo, Gambartes, Bertolé y Ouvrard), reproducidos a escala gigante. Un verdadero deleite, al que se suma la sugerente belleza arquitectónica que ostenta Rosario.

Fuente: Clarín Viajes